Por hermosa que resulte una equivocación, no significa que se convierta en acierto. Yo le quise, y todavía le quiero. No me opuse a que entrara en mi vida, me hizo mirarme a mí misma con otros ojos y con toda esa palabrería me arrastró. Y yo, me dejé llevar. Como una hoja que cruza el cielo zarandeada por el viento y poco a poco se resquebraja hasta romperse del todo. Así es como me siento, rota, casi muerta por dentro, porque no es un error, pero tampoco un acierto.